Arte contemporáneo ¿democracia o tiranía?

noviembre 6, 2009

Creacion Fondo Blanco

Cuenta una célebre anécdota, que “a mediados del siglo XX, un afamado artista moderno caminaba por las calles de su ciudad cuando se topó con un vagabundo que imploraba por una limosna para poder comer. El artista sacó una libreta y un lápiz de su abrigo y arrogantemente estampó su cotizada firma sobre un papel que luego entregó a esta alma desconsolada. El vagabundo sólo tendría que haber vendido esa presunta obra de arte para poder gozar de mucho más que un suculento almuerzo. En cambio, lejos de los círculos de la vanguardia moderna e indiferente a lo que poseía entre sus manos, tiró el papel y maldijo a aquel desconocido que tenía frente a sus narices…”

“Todo lo que escupe un artista es arte” sentenciaban con omnipotencia los artistas dadaístas a principios del siglo XX. Paradójicamente, cuatro siglos atrás, en el año 1508, Miguel Ángel Buonarotti iniciaba la decoración de los frescos de la Capilla Sixtina por orden del Papa Julio II. Detrás de aquella maravillosa obra pictórica, que cambiaría por siempre el rumbo de la historia del arte, yacía una explicación visual de la Creación para un público mayoritariamente analfabeto y, por lo tanto, incapaz de leer la historia bíblica o, si sabía hacerlo, incapaz de imaginar el dramatismo de la historia de una manera tan palpable.

Miguel Ángel concluyó su obra en 1512, luego de cuatro años de exhaustivas jornadas de trabajo. Pintaba solo y a oscuras, tendido de manera horizontal en un andamio a más de veinte metros del piso. Sus ojos y su columna sufrieron graves trastornos que lo asediarían por el resto de su vida. Pero valió la pena. Con su talentosa pincelada supo plasmar los vocablos universales de una pintura que transciende almanaques y fronteras de cualquier corazón humano, equilibrando belleza y funcionalidad en un mismo trazo.

CAPILLA SIXTINA  Miguel Angel,  Ciudad del Varicano, Capilla Sixtina

Detrás de los frescos de la Capilla Sixtina, yacía una explicación visual de la Creación para un público mayoritariamente analfabeto.

A pesar del realismo de las figuras creadas por Buonarotti, su composición pictórica no resultaba descriptiva sino imaginaria, no era informativa sino sugestiva, no era prosa sino poesía. Algunos historiadores del arte sostienen al respecto que la invención de la fotografía terminó con la autoridad de la pintura para reproducir la realidad. El realismo se volvió obsoleto frente a este moderno y popular medio de expresión que permitía al más modesto de los aficionados sentir el enorme goce de crear una representación instantánea y fiel de su propia realidad.

Fue así como, irónicamente, mientras los científicos del siglo XX partían de los descubrimientos de sus antecesores para elevarse hasta las más altas cumbres de la ciencia, los artistas modernos cuestionaron y rechazaron los hallazgos legados por sus grandes maestros, como Leonardo y Miguel Ángel y, aterrorizados, emprendieron un camino sin retorno por un arte cerrado en sí mismo y despreocupado por la impresión que pudiera producir en la percepción ajena.

Depuración y conceptualización

Las vanguardias artísticas del siglo XX se sucedieron a pasos agigantados. El arte experimentó un vertiginoso proceso de “depuración” en donde poco a poco comenzaron a desaparecer los objetos referenciales, las líneas, los colores, las formas, los contornos, los pigmentos, las pinceladas, las evocaciones. Surgió el arte por el arte mismo, la forma y el color por amor exclusivamente a la forma y el color. Se perdió la interpretación espontánea de la obra por parte del espectador, para sólo poder apreciarla mediante un entendimiento previo de la misma. El talento manual del artista fue relegado por su capacidad mental para conceptualizar el mensaje que deseaba expresar.

1961 TORNASOL, Kenneth Noland, , MoMA Collection

Tornasol, pintado en 1961 por Kenneth Nolad, considerado por muchos el artista mas rapido de la historia.

La definición de artista como ser humano excepcional, que dedica su vida al servicio de las artes, plasmando con su talento singular e irrepetible los caracteres culturales de una época, había desaparecido. Este título, que en un principio había sido un privilegio al que sólo unos pocos podían acceder a través de la genialidad de sus obras, se convirtió en rótulo de quien quisiera autodenominarse artista y gozar de fama y privilegios, pero nunca de gloria e inmortalidad. Ya nadie reparaba en su producción artística, él mismo era la obra de arte.

Progresivamente, el arte se fue desangrando en un esfuerzo por renovarse al ritmo de los avances tecnológicos de la modernidad. Se disolvió en una veloz búsqueda de originalidad, “…llevó a cabo su pirueta final, ascendió más y más arriba por un espiral sin fin que sólo decrecía para estrecharse y, en un acto final de libertad, en una última reacción vital previa al estado fósil, desapareció en la cima de su apertura fundamental… Y surgió en el otro extremo convertido en Teoría del Arte”, afirmaba el reconocido escritor y periodista estadounidense, Tom Wolfe.

Marcel Duchamp Suihkukaivo ready-made

Suihkukaivo, el mingitorio autografiado es el ready-made mas famoso y controvertido del artista.

Lejos habían quedado los tiempos de Miguel Ángel y su gloriosa Capilla Sixtina. La tecnología había evolucionado a pasos agigantados y la visión que el ser humano poseía de su mundo no era precisamente la misma de cuatro siglos atrás. Posiblemente, y gracias a estos avances, un artista del siglo XX hubiese requerido de mucho menos tiempo y esfuerzo para plasmar una interpretación moderna de la realidad en frescos con una monumentalidad similar a aquellos de la Capilla Sixtina. Sin embargo, el mundo debería conformarse con obras como el mingitorio de Marcel Duchamp o el cuadrado blanco sobre fondo blanco de Kasimir Malevich.

El arte de muchos…

“Todo arte profundamente original parece feo al principio” justificaban los célebres críticos del siglo XX dando lugar a un libre juego estético en donde todo era posible. Muchas veces, los cánones de belleza son establecidos mediante el poder. Es cierto que cualquiera puede decir que algo es bello, pero irónicamente sólo si tiene poder puede sostenerlo. Puede difundir su juicio entre personas dispuestas a escucharlo y convertirlo en ley, norma o “cultura”. Y hasta puede influir notablemente en muchas de estas almas para convertirlas en fieles seguidoras que transmitan su veredicto y lo sostengan con fervor y convicción.

Naturalmente, estas actitudes apartan al arte de su corriente principal, le confieren un aura de ser especial y delicado, lo reservan para una elite y de esta manera niegan la influencia que el ser humano ejerce sobre él a través de su vida en este mundo. Deja de ser un arte representativo para ser individualista. Deja de definir a muchos para definir tan sólo a unos pocos y así, el arte que en un principio había sido de unos pocos para muchos se convierte en un arte de muchos pero tan sólo para unos pocos.

Escrito por Lucio M. Traficante. Publicada en la Revista Doquier, edición n° 63 del mes de octubre del 2009. Para mayor información visitar http://www.doquier.com.ar

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